Los turnoffs serán un tema recurrente en este espacio y las situaciones que aquí se presentarán no son autobiográficas, repito: NO lo son (guiño guiño, codazo codazo), bueno la mayoría no, muchas son colaboraciones de tétricas historias resultado de arduas encuestas entre amigos y conocidos.
Ejemplo no. 1:
No tiene que ser algo que la persona haga, basta con una sola palabra que se quede en tu cabeza para que el resto del asunto sea una tortura sin fin.
En este caso, se tratan de palabras que vienen al principio de la acción lo que puede arruinar toda la onda: que alguien diga “trusa” o“pantaletas” (según el caso, claro está), agh, son las peores palabras para referirse a la ropa interior, palabras que sólo los doctores o las maestras dicen, palabras que aparecen en libros de educación sexual o catálogo de ropa del super y se quedan en la mente sólo para causarnos repulsión.
Con esos términos lo único que aparece en mi imaginación inmediatamente es un calzón blanco tipo Homero Simpson con un resortote como para aventarse del bungee o la versión “trusa sexy” pegada a la piel, tipo Speedo pero con espacio para el paquete, en estampados horribles como de leopardo en colores nauseabundos como morado o turquesa. O para las chicas, un calzonsote de algodón o licra que subre más allá del ombligo, como de embarazada, en color “champaña”, o sea casi color piel, con un resorte nada discreto que se ve a través de cualquier falda, pantalón, short o hasta pantalón para esquiar, pero eso sí, con un coqueto moñito o florecita al frente para que se vea cute… NOT!
Trusa y pantaletas son el tipo de expresiones que se usan en novelitas románticas chafas pseudo eróticas tipo revista Jazmín, hasta en el Libro Vaquero o esos libros para esposas desesperadas donde Fabio sale en la portada todo mamado, con la camisa de pirata toda desabotonada y con la melena al aire, esas palabras son las que entran en los diálogos de las historias que ahí se cuentan y, no sé ustedes, pero a mi no me prende leer eso, hasta escritas se ven feas esas palabras.
También puedo imaginar a una pareja de oficinistas burocráticos diciéndose esas palabras mientras cachondean en un cubículo después de emborracharse en la fiesta de fin de año de su trabajo:
-Uuuyyy Lupita de contabilidad ¡déjeme ver sus pantaletas!
-Pero primero quítese la trusa Licenciado.
O cuando vas al doctor:
-Señorita, haga favor de retirarse la pantaleta.
Guacala. Bueno, no cualquier doctor, el ginecólogo ¡ja! No todas las citas son libres de ropa interior… espero, a menos que se trate de la grabación de una porno.
Totalmente turnoff que te digan al oído a la hora del faje “tsss quiero ver tu pantaleta”. No me ha pasado, hasta ahora no me ha tocado nadie tan nefasto o tan albañil, no podría evitar orinarme de risa, pero sólo imaginar una situación así hace que se me ponga la piel de gallina y no de una buena manera.
Yo soy fan de la ropa interior, sobre todo los calzones normales de chica, o sea, no tanga, no calzón/faja, no; sólo de los tipo bikini creo que se llaman, son cómodos, se ven lindos, cubren lo que tienen que cubrir y todo se mantiene en su lugar. Por algo me conocen en los bajos mundos como undies, término que irónicamente se puede traducir como esa horrorosa palabra: PANTALETAS, pero no lo hagan, nunca me digan así, por favor. Jamás.

