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Domingo 07 de Septiembre de 2008 00:00

MIROSLAV TICHY - Girls Girls Girls

Ahora es famoso por desparpajado. Por viejo y desparpajado. Por loco, tal vez.
MIROSLAV TICHY
Hablar de Tichy igual sea darle (inclúyome) demasiada importancia a lo que no lo tiene, pero así es la vida ¿no? Y los muertos no hablan (él todavía no lo está), mientras que los vivos tratamos de movernos por acá, unos más otros menos. Otros de verdad se pasan.
LA verdad, dice TICHY, es que le vale madres. LE creo. Creo.
"If you want to be famous," ha dicho "you have to be worse at something than everyone else in the world". Un sabio, o un cínico, o un derrotado.
¿Ven lo que les decía? ¿Qué esperar de un desilusionado, nervioso y voyeurista como Tichy? Me recuerda al niñito abandonado temeroso del mundo buscando amor por algún lado, detrás de una lente. Atrevido.
Al grano:
MIROSLAV TICHY.
Este post salió luego de leer a Geoff Dyer en The Guardian.
Geoff Dyer escribió But Beautiful, el mejor libro jamás escrito sobre eljazz, según Keith Jarret, y ahora escribe sobre el fotógrafo Miroslav Tichy un artículo titulado: Girls, girls, girls--
Unos muslos de mujer, las nalgas, otra falda, pasto, una reja
Una de frente, la alberca ¿será? Topless
--Así son sus fotos. Cualquier purista de la fotografía, cual Inspector Javert, te diría que es un horror y que rompe todas las reglas: fueras de foco, imágenes sobreexpuestas, mucha luz aquí, poca luz acá… un desastre, diría. ¿Y cómo evitarlo si trae un cacharro de cámara construida por él mismo?
Pero para una exposición en Londres, Dyer preguntó cuántas fotografías grandiosas había de Tichy y el galerista le dijo “tal vez 200 o 300”. Y tres con foco. Pero ¿qué importa? Sus fotos muestran sudeseo insatisfecho y eso sólo Coca Cola lo logra. Tiene mérito.
Cuando dije viejo es porque Tichy cuenta ahora con unos 82 años. Nació, como Milan Kun
dera, en Brno Checoslovaquia, tres años antes que el escritor.
Para ambos, las mujeres –girls girls girls- tanto en lo erótico de las novelas como en lo voyeurista del fotógrafo, quien las toma con su cámara que bien podría ser una reliquia o una vergüenza.
Dyer dice que en el mundo hay muchos hombres y tipos muy distintos de mujer (físicamente hablando), a unos les atraen las güeras, a otros las morenas, angulosas, redondas. Pero para el fotógrafo, TODAS: Tichy se complace con cualquier falda, aunque sin falda,
mejor aún. Y ni que fuera a tocarles la pierna o más arriba, sólo con cacharlas tras la lente.
Luego de un breakdown (ya ven que los checos de su generación eran bien arraigados y activistas, mala combinación cuando tu pequeño país se ve invadido por soviéticos) las cosas dejaron de importarle.Miroslav Tichy es un vagabundo o algo. Con su reliquia saca una foto y otra, luego, cuando se le ocurre, las revela y, si quiere, les pinta encima a lápiz: una línea sobre las nalgas o las caderas… No es que le importe, hay veces que el papel lo usa como portavasos para su cerveza. Me refiero al papel fotográfico ya impreso. Es por eso que ahora, en la exposición del Centre Pompidou hay fotos manchadas, quebradas, dobladas, rayadas: el desparpajo, parte del encanto.
Solo importa una cosa: girls girls girls.
"People say I think too much about women… Yet after all, what is there more important to think about?" dijo Rodin. Y así las tenía, digo, mínimo a la pobre de Camille Claudel, gran escultora, amante de Rodin, quien se personificó en L’Age Mur suplicándole al artista que no la dejara.
Dudo que a Tichy alguien le haya suplicado, pero hay gente dispuesta a pagar por colgar sus obras en el cubo blanco.
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Domingo 31 de Agosto de 2008 00:00

El diario digital de Natacha Merrit

Mi trabajo siempre va a la cama conmigo. N. M.
LOGIN: La niña perversa que le restriega al mundo su papanicolau, la tía viciosa que inauguró el amor con un dildo de 9 pulgadas y media, la pequeña mesalina que no pierde la oportunidad de acariciarse el fórnix cada vez que se enjabona la rabadilla, la taimada criatura y su cámara digital llena de apretujones, besos, labios y labios y enemas. PASSWORD: Natacha Merrit. Cuenta Eric Kroll –ese gran fetichista gringo– que un día mientras exploraba la Web en busca de novedades bizarras, su mouse se encontró, casi por equivocación, con unas fotos verdaderamente poderosas, amenazantes. Las imágenes en cuestión estaban firmadas por Natacha Merrit, una completa desconocida para la escena bondage. Kroll se puso en contacto y ella, incrédula, accedió a visitarlo (si hay algo que admirarle a este patán de la lente es su buen ojo para descubrir las perlas que flotan sobre el chiquero). A los poco días Natacha Merrit llamó a la puerta del estudio, jamás había oído el nombre de Eric Kroll y mucho menos se imaginaba que éste fuera una de las figuras más importantes de mundillo fetish norteamericano. De ese primer encuentro, Kroll recuerda a una mujer provocativa muy joven, por poco adolescente, vestida con un traje negro y con una laptop bajo el brazo. También memora la forma cachonda con la que ésta caminó, se sentó, cruzó las piernas y abrió la Mac portátil para enseñarle su trabajo: Era un slide show que mostraba cómo la propia fotógrafa engullía desfachatadamente un artefacto masculino de alto calibre. Eric Kroll quedó encantado, la procacidad de la pequeña Merrit lo dejó sin palabras (y vaya que se necesita algo excepcionalmente lascivo para tacklear detrás de la línea al Joe Montana de la perversión). Pronto se hicieron amigos y Kroll se convirtió en una especie de tutor. Él asegura que, la verdad, no tuvo mucho que enseñar, por eso se limitó a sugerirle temas, encuadres y modelos S/M para incorporarlos a su trabajo. También la presentó con Benedikt Taschen, ese monopolista de lo erótico. El resultado: Digital Diaries, que al día de hoy es todo un best seller para el emporio editorial. La obra de Natacha Merrit atrapa, pero no sólo por su autenticidad y narcisismo, también por los métodos empleados para exprimir la sensualidad. Su cámara digital jamás se preocupa por la temperatura de luz, mucho menos por las emulsiones. El grano se vuelve pixel y así, en bits, descuartiza el lenguaje de los pujidos hasta convertirlo en un espejo, a veces límpido, a veces turbio. El quid de Natacha: Capturar el momento del orgasmo. Su inexperiencia es frescura, pecado fresco. El proceso de revelado la tiene sin cuidado; el Kodachrome y Ektachrome le importan un ovario; nunca ha visto el trabajo de Cindy Sherman u otras fotógrafas norteamericanas; hasta su encuentro con Kroll, no sabía de la existencia de Taschen. Natacha Merrit nació digital, pertenece a la cultura del download, las categorías de su mundo terminan en jpg o tiff, y cuando le dicen vamos al cuarto obscuro le da click al Adobe Photoshop no sin antes quitarse las bragas. El tema central de Natacha Merrit es ella misma, el autorretrato es un juego de posesión inherente a su espíritu. Usa la cámara para bucear en su ego y autosatisfacerse. Su diario digital es una apología de su femineidad a la que a veces acompaña con otro cuerpo, el que sea, si hombre bien, si mujer también. Juguetea con pezones, inflama bolsas escrotales, lo mismo le da. Es la chica del nuevo siglo y ve al mundo, sin tapujos, a través del cristal líquido. La intimidad ginecológica de sus imágenes va en contra de la fotografía clásica. Gusta renegar de la quietud, de las poses, de las modelos profesionales, de lo maniquí. Sus fotos son únicas gracias a su peculiar estilo INYOURFACE, que no es otra cosa que acercamientos dolosos, ángulos de inclinación suspicaces y contrapicadas para maximizar el tamaño de la genitalia, así como lo hace el cine porno de calidad. Merrit apunta en su diario: “Mis frenos internos desaparecen para la cámara. La química humana es un truco. El amor es un accesorio que le da fuerza a la imagen. Mis modelos, hombres y mujeres, poco a poco se vuelven familiares, intrincados, tangibles. Todos los que no cooperan son eliminados... así, simultáneamente con mi deseo de intimar, necesito fotografiar el momento." Su trabajo documenta, digitalmente, su vida sexual. Impredecible, espontánea, Merrit utiliza hoteles de paso como escenarios ideales para consumar sus fantasías inglesas (de ingles): espejos de baño, excusados y tinas son sus únicos props para remarcar la sensación de que no hay nada calculado, deliberado. Californiana pero aclimatada en Nueva York, esta shaved pussy lover de 22 años nos entrega un diario íntimo con sogas y látex. Si algún término describiera su obra ese sería “nonfiction”. Para ella la fotografía no es un arte, es otra cosa, es –quizá– la posibilidad de decir que es una mujer a la que le encanta tragar leche, sin vergüenza ni falsos pudores. END OF TRANSMISSION Arturo Pizá, ©2000 www.apiza.com
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Sábado 30 de Agosto de 2008 00:00

Kate, the last Supermodel

Fotos Kate Pasarela Kate Cocaine Kate Escultura
 

 

 

 TOP MODEL KATE MODELO MOSS SUPER MODEL  
1.65
34 años
COVERS Vogue, Interview, W, i-D, Glamour, Dazed
Su portada más reciente, la de septiembre 2008 en Interview Magazine, fue entrevistada por Glenn O'Biran, famoso conocedor de artistas y modelos. A él le describe en una palabra a los rusos, a los ingleses, franceses, italianos, artistas y rockstars. 1 They are sexy, 2 They like to drink, 3 They are rude, 4 Bisexual, 5 Twisted, 6 They like to stay up late.
También habla un poco sobre su trayectoria, sus planes, sus tetas reales y las falsas de las demás, los hombres a quienes les propina el calificativo de "bastards" -opinión clásica de una ex rockstar dater- y de sus ex hábitos alimenticios.
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Sábado 16 de Agosto de 2008 00:00

Thomas Ruff


Most of the photos we come across today aren't really authentic anymore--they have the authenticity of a manipulated and prearranged reality.
El artista alemán Thomas Ruff lleva trabajando más de dos décadas con la fotografía y uno de sus últimos trabajos se titula "Nudes", una recopilación de desnudos pornográficos. Para estas fotos Ruff no ocupó su cámara, ni un estudio y tampoco modelos. Simplemente puso “SEX, FREE, DOWNLOAD, PICTURES” y lo retocó a su modo. “¿Es real?”, diríamos al ver lo que parece ser un culito abierto de par en par. Sí, es real, es un culito abierto de par en par pero distorsionado. El fotógrafo lo retocó un poco para idealizar la imagen. Como debe ser el mejor sexo del mundo: idealizado. “La mayoría de las fotografías que nos encontramos ahora ya no son auténticas en sí, ahora tienen el sello de una autenticidad manipulada por la realidad preconcebida”, comentó Ruff sobre su trabajo. O sea que en principio las fotos no son suyas, pero las acaba convirtiendo en suyas. Tampoco le interesa la pornografía, sino representar la percepción auténtica del cuerpo en ese acto, que de algún modo ha llegado a perderse con la cotidianidad del “free download”.
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©SinMacula 2010